Todos sudamos tras sesiones de ejercicio físico, durante los días calurosos e, incluso, como respuesta a situaciones que nos generan nerviosismo y ansiedad. En todos estos casos, la sudoración se desencadena para regular la temperatura del cuerpo al modo de un mecanismo natural. Sin embargo, la hiperhidrosis no responde a una necesidad fisiológica de control térmico, y aquí radica el problema.

Se trata de una hiperactividad de las glándulas sudoríparas que da lugar la sudoración excesiva, completamente independiente de los estímulos exteriores o interiores que normalmente acompañan el sudor.



En casos de hiperhidrosis, la toxina botulínica inhibirá la actividad de las glándulas sudoríparas para controlar la producción de sudor de manera localizada. Esto se debe a que su aplicación permite bloquear temporalmente la liberación del químico encargado de iniciar la sudoración.

De este modo, y gracias a la conexión salvadora entre hiperhidrosis y botox, es posible tratar el sudor excesivo en diferentes zonas del cuerpo.

El tratamiento con botox es apto para:

Hiperhidrosis palmar 
Hiperhidrosis axilar
Hiperhidrosis en las plantas de los pies
Hiperhidrosis facial o craneofacial

HIPERHIDROSIS